Las tuyas, las mías y las nuestras…  Hablemos de emociones
inteligencia emocional

Las tuyas, las mías y las nuestras… Hablemos de emociones

Por:  María Angelina Silveyra Baquedano

Y entonces aquí seguimos, en esta oleada de emociones llamada maternidad y es entonces cuando te das cuenta que esto de manejarlas es más complicado de lo que pensabas, y cuando te cae el veinte de que tu hijo también es una cajita de emociones nuevas y efervescentes y que si para ti es complicado dominarlas, para él mas. Entonces te enfrentas a la realidad de tener que contenerlo y enseñarle a sentir, a expresar y a controlar sus emociones. ¿Pero cómo?

Empecemos por saber que no es lo mismo emociones que sensaciones, pero en las etapas más primitivas del desarrollo van junto con pegado, porque vamos aprendiendo y midiendo nuestras emociones con respecto a las experiencias que vamos teniendo, las reacciones de nuestro cuerpo y las emociones que generan. No es magia, es simple química que nuestro cerebro va generando para ponernos alerta o relajarnos según sea el caso.

Se supone que nosotros ya no somos tan primitivos, así que seguramente puedes localizar en que parte de tu cuerpo percibes la frustración, donde el enojo y describir que manera son diferentes una de la otra? ¿Cómo adivinas cuál es cuál? ¿de que manera etiquetas cada una de esas reacciones corporales? ¿No puedes? No te preocupes, yo tampoco.

Las emociones se ligan a nuestras experiencias, así que la forma como vimos que reaccionaban nuestros cuidadores, impactó directamente la forma en la que reaccionamos nosotros. Además aparecen de distinta forma, dependiendo del momento de vida en el que nos encontremos, nuestra situación hormonal (hombres y mujeres) y el suceso que experimentemos en el momento. Nada está escrito, pero si hay tres estados emocionales que podemos “practicar” con nuestros hijos, con la finalidad de irlas modelando y modulando.

Todos los estados emocionales son vividos de manera personal. Todos incluyen sensaciones físicas, pensamientos y conductas. Lo primero que hay que enseñarle a nuestros hijos es que no hay emociones buenas ni malas, ni peligrosas o dañinas, y sobre todo validarlas y acompañarlas. Una parte importante que tenemos que borrar de nuestro bagaje cultural, es invalidar las emociones con frases como “no pasa nada”, “no llores”, “no te enojes”, “no tengas miedo”, “Eso no es motivo para llorar” Cuando en la perspectiva del niño es claro que algo está pasando, algo esta sintiendo y no estamos ayudando a sentirlo y expresarlo.

En etapas tempranas se generaliza la expresión emocional al llanto o la risa y es justo ahí donde entramos nosotros como formadores y modelos de inteligencia emocional (otra cosa mas en la cual tenemos que ponernos truchas). Tenemos que ponerle nombre a eso que esta pasando en el cuerpo de nuestros hijos. Por ejemplo, cuando tenemos miedo nuestro corazón se acelera, respiramos rápido y tratamos de ocultar la cara y hacer contacto con la figura de confianza.

¿Qué pasaría si se lo narramos tal cual? O en el caso del enojo: “Veo que tienes ganas de gritar, estas cruzando los brazos y tienes la frente arrugada», y decimos:¡estas enojado! Con voz firme, y ceño fruncido, con la finalidad de que el niño aprenda que la forma de expresar enojo es diciendo “estoy enojado” y pueda poco a poco ir desmenuzando las emociones básicas y no tan básicas.

Hay una gama infinita de emociones y mezclas de las mismas, además de que en un día solemos experimentar todas ellas, por eso es importante que podamos localizarlas, expresarlas y saber para que sirven. De las 6 emociones básicas (alegría, enojo, tristeza, miedo, desagrado, sorpresa) nos quedaremos con 3 para localizarlas, colorearlas y expresarlas en este artículo:

La alegría se siente en la parte baja del estómago, así que podemos llevar la manita de nuestros chicos a esa zona y decirles, “estás feliz”, a veces podemos mencionar “estás eufórico, contento, emocionado” Estoy segura que ustedes sabrán “leer” cual de ellas es la que está sintiendo en ese momento. Pueden también darle un color o pedirle a él que se lo asigne.

El enojo se percibe en la boca del estómago, y al hacer presión con la mano de nuestro hijo(a) en esta zona evocamos la sensación, (que en este caso es parecida a la del hambre, saquen sus conclusiones). Con voz muy fuerte, ceño fruncido y expresión corporal rígida decimos “Estoy enojado” o “Estás enojado” podemos repetirlo hasta que el niño se conecte con la emoción y/o repita la frase. Importante pedirle que le asigne un color, o si es un niño pequeño, podemos sugerir el rojo.

La tristeza se percibe en la garganta. Justo en el hoyito que se hace entre las dos clavículas. Si presionamos ahí sentimos el clásico “nudo en la garganta” Llevamos la manita de nuestro niño(a) a esa zona y de  igual manera repetimos “Estoy triste” y más adelante pedimos que asigne color o sugerimos el azul.

Estas técnicas funcionan cuando la emoción efervece pero podemos continuar con la experiencia platicando de momentos o sucesos que nos hayan llevado a estas emociones y conforme los niños crecen, podemos agregar el motivo de esa emoción. Ej. “Estoy triste por que_________ e incluso hacer inferencias sobre el estado emocional de terceras personas Ej “¿Cómo crees que se haya sentido X cuando eso le sucedió?”

El ultimo tip importante es no escondernos para sentir o para expresar emociones. Quitemos el clásico “no quiero que me vea llorar”, “no quiero que me vea explotar”. Ya que a medida que los niños observan nuestra expresión ante las emociones ellos podrán hacerlo de manera más natural, sin contenciones innecesarias, sin miedo  sin juicios de valor. Se vale estar frustradas, nerviosas, ansiosas, temerosas, etc. y si nosotras mismas ponemos nombre a ese estado de ánimo en específico, ellos también lo lograrán hacer.

María Angelina Silveyra Baquedano

Licenciada en Comunicación Humana egresada de la Universidad de las Américas, Maestrante de Educación Especial y Necesidades Educativas Especiales por la Universidad de Guanajuato.

Directora y fundadora de la Asociación Civil Educación Especial MAS+. Centro Escolar y Terapéutico desde hace 9 años.

Actualmente participa en Autismo Ciudad de México.

Ponente y capacitador en varios foros de Educación Especial y participa activamente en el Laboratorio de Investigación de Educación Especial MAS+ 

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